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Herramientas manuales del carpintero

12 January 2010 No Comment



Las herramientas manuales han perdurado y llegado hasta nosotros desde la Antigüedad.  La arqueología ha descubierto la existencia de sierras y formones, algunos incluso hechos con metales preciosos, en tumbas y sarcófagos sumerios.

Los egipcios desarrollaron la carpintería estructural, la carpintería naval y un avanzado mobiliario cargado de detalles, lejos de ser puramente funcional, con adornos y motivos ornamentales. Utilizaban ensambles a caja y espiga y el formón ya era una herramienta muy popular con la que realizaban tallas ornamentales.

Las culturas persa y asiria aportaron las grapas metálicas y la tornería, lo que confiere mayor consistencia a los ensambles.

Los romanos conocían y utilizaban con cierta destreza las gubias, las azuelas, los cepillos, las tenazas, los tornillos metálicos, los formones, distintos tipos de martillos, etc.

En la Península, a partir del siglo XII y siguiendo la tradición hispano‑musulmana, se tornean las piezas y se recupera la inquietud por incluir motivos ornamentales en las tallas.

El manto oscuro del Medievo se retira con el Renacimiento, cuando los maestros artesanos que trabajan y conocen la madera adquieren notoriedad por sus trabajos y obras. Comienzan a definirse las dos vertientes más importantes de la carpintería: la ebanistería (construcción y decoración de muebles) y la carpintería (construcción de estructuras y edificaciones). Al ganar los detalles, tipos de  herramientas manuales se adecúan a los resultados esperados y mejoran ostensiblemente.

El Barroco y posteriormente el Rococó aportan detalles hasta entonces nunca vistos. La madera se trabaja con precisión y minuciosidad, por lo que la herramienta manuales se adecúan para conseguir esos detalles ornamentales.

Hubo aportaciones de materias primas desde América y África (ébano, palosanto), una profunda preocupación por los detalles, las formas, las curvas…El camino ya es imparable y el desarrollo de la herramienta manual se seguirá perfeccionando hasta nuestros días a pesar de la irrupción de las herramientas eléctricas, que abordaremos más adelante, presentadas como las sepultureras de la herramienta manual, del trabajo artesano.

Hemos elaborado la siguiente clasificación para las herramientas manuales según en torno a la acción que vayamos a realizar:

Marcar y medir

La planificación de los trabajos, sea cual sea su naturaleza, se presenta como una norma altamente recomendable. Para poder llevarla a cabo, necesitaremos herramientas que nos ayuden a determinar de una manera justa nuestras necesidades. Las medidas y la precisión determinarán los trabajos. Presentamos aquí una relación de las herramientas de carpintero que nos ayudan a marcar y a conocer la medidas de lo que vayamos a marcar.

Metro de carpintero. Se trata de un metro elaborado con madera. Tradicionalmente era de madera de boj, pues es una madera que varía muy poco según las condiciones ambientales. Se suele dividir en cuatro partes hasta llegar al metro de longitud como extensión máxima. Se remacha con latón y, hoy en día, es un auténtico objeto fetiche para quienes siguen utilizándolo.

herramientas manualesFlexómetro. Al igual que la anterior, es una herramienta de medición, pero dotada de la tec­nología actual. El armazón suele ser metálico o de plástico, en cuyo interior viene enrollada una cinta metálica sobre un eje, con un tope y un freno que ayudan a extraer parte de la cinta. Los de uso doméstico sirven para medir distan­cias de entre 1 m y 8 m.

Escuadra. Comprobar correctamente los ángu­los de 90° o ángulos rectos requiere una herra­mienta. Las más utilizadas se componen de una base metálica unida a una hoja de 300 mm. Suele ser de metal o de plástico, pues se trata de ele­mentos inertes que sólo las agresiones mecáni­cas o físicas consiguen alterar. Otra aplicación imprescindible de esta herramienta es el trazo de líneas perpendiculares respecto a un borde.

Falsa escuadra. Los ángulos no siempre son rectos y, con la escuadra presentada anterior­mente, algunos ángulos son una misión casi imposible para los menos diestros. Se trata de una base fija sobre la que pivota una hoja metá­lica. Una vez alcanzado el ángulo deseado, ésta queda fija mediante una palomilla u otro siste­ma de sujeción.

Regla de acero. Se utiliza fundamentalmente para verificar la horizontalidad y detectar los pequeños alabeos. También se utiliza en los cor­tes, a modo de guía. Las más comunes miden entre 1 m y 2,5 m.

Gramil. Se trata de una herramienta versátil, aunque su principal función es la de marcar. Si sustituimos la punta por una cuchilla, también sirve para cortar, de ahí su versatilidad. A1 ser una herramienta de madera, puede alterarse si hay mucha humedad, exceso de calor… Está diseñada para marcar la madera a contrahílo. También podemos encontrar gramiles de doble punta e incluso para bordes curvos.

Lapicero. Pese a parecer una herramienta poco «evolucionada», su forma no es casual. Gracias a su forma ovalada y su punta redonda, conse­guimos, por ejemplo, dibujar trazadas precisas en superficies irregulares. Con destreza, las tra­zadas a lápiz pueden parecerse a las consegui­das con un gramil.

Cortar

Estos tipos de herramientas manuales de carpintería engloba algunas de las más antiguas, pero no por ello menos evolucionadas. Se cree que empe­zaron a utilizarse hace unos 4 000 años, inclu­so algunos le atribuyen una antigüedad de 5 000 años. La mitología griega nos sitúa en torno a la imagen de Perdix, el cual ideó un serrucho mientras observaba la espina de un pez. A Perdix también se le atribuye la invención del formón, del compás, etc.

Que son herramientas manuales de corte, son las herramientas que permiten despiezar la madera, el tablón o el propio tronco. Aquí nos centraremos en las herramientas de corte domés­ticas. Su diseño consta, normalmente, de una hoja bimetálica, de una empuñadura termoplás­tica y de una hilera de dientes puntiagudos situados en su borde.

Antes de abordar las distintas herramientas de corte, nos detendremos sobre un elemento muy importante: los dientes. Aclararemos unos con­ceptos que hacen más comprensible el mundo de los serruchos. Todos los serruchos tienen la misma medida de hoja, unos 25 mm, pero no el mismo número de dientes por hoja. Para determinar esta característica, se utilizan medi­das anglosajonas: dientes por pulgada (TPI) y puntos por pulgada (PPI). De una manera sim­plificada, el diente es la zona baja, el valle, y el punto es la zona alta, la cresta. Siempre habrá un diente menos respecto a los puntos. Este hecho es importante, pues cuantos más dien­tes por pulgada tenga el serrucho, más limpio será el corte porque se arrancará menos ma­terial.

Serrucho. El serrucho tiene las hojas largas y flexibles para poder enfilar correctamente el ángulo de ataque. Además, su lomo debe estar ligeramente combado. Nuestros serruchos no tienen el lomo combado, sino recto, y en más de una ocasión lo hemos utilizado a modo de regla. El serrucho no sólo tiene cabida en la carpinte­ría: se cuenta una anécdota del gran poeta chi­leno Pablo Neruda que, en una de sus prime­ras creaciones, supervisó la edición, la hizo cuadrada; sobre papel de estraza y acabado den­tado. Esto fue posible apoyando las cuartillas sobre un serrucho. La obra en cuestión era 20 poemas de amor y una canción desesperada.

Sierra de costilla. Es el serrucho de precisión. Esta herramienta de corte aúna varios elemen­tos: hoja delgada y dientes delgados y finos. Por esta razón, el TPI y el PPI son altos, lo que le confiere mucha precisión al corte. Dado que la hoja es delgada, necesita un refuerzo para que el ángulo de ataque sea correcto y para que la fuerza ejercida no doble la hoja. Por último, un serrucho de costilla de precisión tiene 26 PPI, aunque este tipo de serruchos sólo se utiliza para acabados que requieren mucha precisión.

Sierra de aguja. Se trata de una hoja estrecha con mango de pistola y un PPI de entre 8 y 10. Algunos carpinteros y ebanistas denominan a esta herramienta sierra de calar, aunque más adelante veremos que existe otra herramienta con este nombre. Su hoja, estrecha, la convierte en una herramienta adecuada para cortar en cualquier dirección. Consigue cortar curvas, ángulos y en línea recta. Existe la posibilidad de sustituir la hoja.

Segueta. Esta herramienta se encuentra en dos variantes de un mismo oficio: la utilizada en marquetería y ebanistería y, por supuesto, en carpintería. Se trata de un arco con mango, abierto, cerrado por una hoja o pelo. Estas hojas o pelos tienen entre 15 y 19 PPI, son considera­blemente frágiles y no pueden afilarse. La hoja queda tensa y cierra el arco.

Sierra de calar. Se trata de una segueta con una curva más pronunciada, con el lado abier­to algo más corto y una hoja o pelo que puede llegar hasta los 32 PPI. Corta con mucha pre­cisión, milimétricamente, aunque en manos de un principiante el coste en hojas puede ser ele­vado.

Cortante. Esta herramienta es conocida por su nombre en inglés (cutter) y su forma cas­tellanizada, cúter. Se trata de un mango pro­visto de una cuchilla. Su incorporación es reciente, aunque podemos. deducir que su pariente más próximo en la carpintería anti­gua fue el cuchillo. Las cuchillas proporcio­nan un corte fino. Las hojas son algo delga­das, por lo que una presión excesiva puede provocar su rotura.

Desbastar

Entendemos por desbaste la eliminación de las partes bastas de una cosa. En nuestro caso, y en un lenguaje más coloquial, se traduce en ir eli­minando material de la madera hasta conseguir el acabado deseado. Las herramientas para des­bastar se encuentran entre las más antiguas uti­lizadas por el hombre en carpintería. Hablamos de formones y cepillos.

Formón. Se utiliza para eliminar la madera sobrante, labrar y tallar, y para realizar un ca­jeado. Si la cantidad sobrante es mucha, se uti­liza con la ayuda de un martillo o una maza, aun­que normalmente la presión se ejerce haciendo fuerza con las manos. Esta herramienta requie­re un mantenimiento y un cuidado casi constan­tes. Para su correcta utilización, es de suma importancia que esté afilado. La hoja del formón suelen tener entre 125 mm y 200 mm de longi­tud. El ancho varía en función de la superficie que se debe eliminar. El mango también es impor­tante, puesto que un mango reforzado permite uso de una maza para golpear. De otro mo­do. el mango se resiente y en algunos casos se rompe. Los formones más corrientes son el for­món para acabados, con bordes biselados, en sección rectangular.

Gubia. Podríamos definirla con los mismos atri­‑3‑útos y cualidades que al formón, pero ésta no ene la hoja plana, sino curva. Los perfiles de _a gubia van de los 6 mm a los 25 mm. Con la gubia conseguiremos realizar acanaladuras con gran precisión, siempre y cuando seamos lo sufi­cientemente diestros.

Cepillo. Está presente casi desde los inicios de la carpintería y su principio es más o menos sen­cillo: un armazón con asa provisto de una cuchi­lla y que se utiliza para alisar y eliminar material.  Al tratarse de una herramienta provista de cuchilla, su afilado será muy importante. En caso de desgaste excesivo, procederemos a sustituirla.

Una auténtica evolución en los cepillos alisado­res fue la incorporación, en el año 1913, de un tornillo patentado para alimentar la cuchilla. Este avance le confirió al modelo A5 de la firma Norris la precisión apropiada para realizar la mayoría de los trabajos más exigentes. Todavía hoy este cepillo sigue siendo la herramienta manual favo­rita de los carpinteros más experimentados.

No podemos obviar que, como con los formones y las gubias, los cepillos tendrán uno u otro aca­bado dependiendo de la cuchilla de que dispon­gan. De este modo, podremos realizar un pecho u paloma, una media caña…

Aunque podríamos extendernos sobre este tipo 3e herramientas, conservaremos lo esencial y recordaremos mantener y ajustar periódicamen­te el cepillo.

Escofina. Se trata de un trozo de metal cuya superficie está recubierta por dientes que cor­tan a la ida. Existen tres tipos de escofina según el corte, que puede ser fino, medio y grueso. También encontramos variedad en sus formas: plana, redonda y de media caña, siendo esta últi­ma la de mayor aceptación.

Lima. Las utilizadas en carpintería tienen una serie de nervios afilados, mucho más pequeños que los dientes de las escofinas. A1 igual que las escofinas, las limas también se clasifican en tres tipos de corte: grueso, medio y fino. La lima entrará en aquellas superficies que ya hayan sido tratadas con la escofina o que requieran un tipo de desbaste más fino que el conseguido con la escofina.

Estas son las herramientas manuales más comunes y usadas por los carpinteros y los manitas.

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